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Alvin Reyes: Antropología de la máquina (parte 2)

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Actualidad Alvin Reyes: Antropología de la máquina (parte 2)

Alvin Reyes: Antropología de la máquina (parte 2)

Máquina y Megamáquina

En esta época estamos asistiendo a un dominio de la técnica sobre el hombre quizá como en ninguna otra que haya vivido. Nos hemos alejado del mundo orgánico para pasar a ser habitantes de un mundo dominado por la técnica. “Esta capacidad sustitutiva de funciones que el ejercicio de la técnica pone a disposición del ser humano, le posibilita alejarse cada vez más de su medio ambiente y moverse con mayor libertad en una segunda naturaleza, objetivamente artificial, confeccionada a su deseo y medida[1].

Cómo llegó la técnica, en principio aliada del hombre, a sojuzgarlo? En qué momento la tecnología se convirtió en un sistema en el que el ser humano ya no ocupa un lugar primordial si no que es un mero apéndice del sistema mecánico? Para explicar esta parte vamos a apropiarnos del concepto de máquina acuñado por Mumford para definir el sistema. En “Técnica y Civilización” explica “Cuando use el término “la maquina” me referiré como una referencia abreviada a todo el complejo tecnológico[2]Los primeros hombres surgidos de los grupos de cazadores recolectores se convirtieron, por mandato divino, en los primeros reyes de la tierra y fueron estos reyes y faraones los que construyeron la primera gran maquina: La megamáquina, hecha puramente de partes humanas intercambiables.

Sólo los reyes, asistidos por las disciplinas de las ciencias astronómicas y respaldados por las sanciones de la religión, tenían capacidad suficiente para juntar y dirigir esa megamáquina, que era una estructura invisible, compuesta de partes humanas, vivas, pero rígidas, aplicada cada cual a su tarea específica, a su trabajo, a su función, para realizar entre todas las inmensas obras y los grandiosos designios de tan enorme organización colectiva.”[3]

Luego de que aprendimos a usar esta megamáquina, con el paso del tiempo, las invenciones mecánicas nos fueron dando un dominio absoluto sobre la naturaleza y el resto de los seres vivos; pero al aprender a dominar la naturaleza y ponerla a nuestro servicio aprendimos también a dominar a otros hombres y es desde esa época que datan las primeras guerras en busca de esclavos. Así llegó este sistema mecánico a dominar por completo todas las facetas de la humanidad. Esta megamáquina se alimentaba de la esclavitud y de la conscripción, lo que se lograba no sin gran esfuerzo y a lo largo de la historia están los ejemplos de rebeliones de esclavos que enfrentaron los primeros reyes que dirigieron la megamáquina.

Con el avance de la ciencia y de la tecnología la megamáquina fue sustituyendo sus piezas humanas por piezas mecánicas.

Las partes humanas que componían la megamáquina eran, por naturaleza, imperfectas; en consecuencia: no se podía confiar en ellas del todo, y menos mecánicamente. Hasta que pudieran hacerse en cantidad suficiente auténticas Máquinas de madera y de metal, que ocuparon el puesto de la mayoría de los componentes humanos, la megamáquina siempre resultó vulnerable[4].

Toda esta tecnología, toda la sustitución de las partes humanas móviles por partes mecánicas no ha servido para liberar al hombre de la esclavitud de la máquina. En este estadio de la civilización humana estamos asistiendo, a lo largo de muchas décadas, al dominio de la máquina. Se vive, se trabaja por y al servicio de la máquina. Por vía de consecuencia, aunque los humanos no seamos ya parte del engranaje físico de la máquina, como en la megamáquina antigua, mantenemos la maquina en funcionamiento.

“Las actuales sociedades industriales se hayan regidas por una gigantesca superestructura, constituida por tres elementos: la propia técnica o tecnología, las ciencias naturales en su versión matemática-cuantitativa y la forma capitalista (hoy se diría, además, neoliberal y globalizada) de producción.[5]

Y no es menos cierto que “dicha superestructura aparece adicionalmente como un gigantesco organismo planetario de movimientos no enteramente predecibles ni controlables. Su presencia representa un hecho insólito que distingue claramente a la cultura industrial contemporánea de sus predecesoras[6].

[1] Rosales, Amán. Perspectivas de una antropología de la técnica. México. Instituto Tecnológico Autónomo de México, Departamento Académico de Estudios Generales. Sección textos, vol.18, no.64-65 (primavera-verano 2001). Pag. 30

[2]  Mumford, Lewis (1971). Técnica y Civilización. España. Alianza editorial. Quinta reimpresion en “Alianza Universidad”: 1992 Pág. 28.

[3] Lewis Mumford (1967). The Myth of the machine. Technics and human development. New York. Harcourt, Brace and World. Pág. 189

[4] Ib. Pág. 230

[5] Rosales, Amán. Perspectivas de una antropología de la técnica. México. Instituto

Tecnológico Autónomo de México, Departamento Académico de Estudios Generales. Sección textos, vol.18, no.64-65 (primavera-verano 2001). Pag. 42

[6] Ibídem

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