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Alvin Reyes: Antropología de la máquina (parte 4)

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Actualidad Alvin Reyes: Antropología de la máquina (parte 4)

Alvin Reyes: Antropología de la máquina (parte 4)

El hombre en la edad de la máquina.

El ser humano promedio de hoy, el trabajador de los grandes centros urbanos ha convertido su ciclo de vida en una rutina mecánica que ya no es dictada por los ciclos de la naturaleza sino por los dictados del complejo económico mundial.

No nos levantamos al completar nuestro ciclo natural de descanso ni nos acostamos cuando nos da sueño, lo hacemos cuando lo dicta el reloj. Si nos levantamos tarde es posible que nos penalicen o lo hagan con nuestros hijos si llegan tarde a la escuela.

No almorzamos cuando tenemos hambre sino en el momento indicado por la rutina de la vida diaria. Todas nuestras actividades y funciones vitales están programadas de antemano por una civilización que se ha despojado de su humanidad para adaptarse a la dinámica del mundo mecánico.

Y mientras nos integramos a esta civilización de la maquina nos sometemos al dominio de la técnica que separa al hombre de su humanidad y lo abstrae su espiritualidad(1).

Y esto es así porque el sistema, la mega máquina, ha colocado al hombre fuera de su lista de sus intereses. El hombre ya no ocupa más el centro de las preocupaciones ni el fin del complejo de poder es lograr la libertad del hombre.

“Es importante entender que la automatización, en su forma final, es un intento por ejercer control, no solo sobre el proceso mecánico en sí mismo, sino también sobre el ser humano que una vez lo dirigió: lo ha cambiado de ser un agente activo a ser un agente pasivo, y finalmente eliminándolo”.(2)
 

Así vivimos en una época moderna donde se han alcanzado logros científicos inimaginables para generaciones anteriores sin embargo estos logros, estos avances si bien es cierto que han mejorado el nivel de vida de muchos seres humanos es cierto también que el modelo económico actual es un sistema que solo tiene como objetivo mantenerse en funcionamiento perpetuo.

Todo esto se agrava por el hecho de que el trabajador industrial moderno que está al servicio del sistema económico mundial vive despojado de su identidad porque los bienes y servicios que produce no les pertenecen, es un trabajador alienado.

El hombre, el trabajador, es una pieza vital en el ciclo de producción de la máquina pero no posee aquello que produce. Tal alienación significa que ellos no sienten fuerte orgullo o identificación personal con sus productos. Ven que estos pertenecen a alguien más, no al hombre o a la mujer que trabajó para hacerlos.

Por el contrario, en las sociedades no industriales, las personas por lo general desempeñan el trabajo de principio a fin y dan un sentido de logro al producto. Los frutos de su labor les pertenecen a ellos y no a terceros.(3)

Luego de miles de años de avances tecnológicos los seres humanos siguen siendo piezas humanas intercambiables. Cada vez más ha aumentado el número de empleos temporales y de baja calificación.

El 91,24% de los 12.242.759 contratos laborales formalizados en España hasta octubre de 2003 han sido de carácter temporal, según un estudio de Javier Ramos-Díaz, profesor de Ciencias Políticas de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, elaborado a partir de los datos del INEM.

Por edades, la temporalidad superaba al 80% de los contratos de los jóvenes de 16 y 19 años, llegaba al 60% en los trabajadores de 20 a 24 años de edad, y a la mitad de los empleados de 25 a 29 años, cifras que, a su juicio, son un síntoma de precariedad laboral, un fenómeno complejo en el que confluyen la inseguridad y la pobreza.(4)

No menos relevantes sobre este hecho fueron las declaraciones del primer ministro italiano Mario Monti que afirmó que los jóvenes se tienen que acostumbrar a no tener un puesto de trabajo fijo.(5)

Es indudable que cada vez más empleos que son realizados por humanos están siendo asignados a máquinas automáticas desplazando a los seres humanos con una velocidad que el mercado laboral no está absorbiendo de manera adecuada en los actuales momentos.

Muchos economistas y teóricos del sistema afirman que las cifras que indican una alta tasa de desempleo son más debidas a una ralentización del crecimiento económico mundial que a un desplazamiento de trabajadores por la tecnología.

David Autor, economista del MIT que ha estudiado en profundidad la conexión entre el empleo y la tecnología, también duda de que esta pueda ser responsable de un cambio tan drástico en las cifras de empleo total.

«Ha habido una fuerte caída del empleo que empezó en el año 2000. Algo cambió», afirma. «Pero nadie conoce la causa». Es más, duda incluso de que la productividad haya crecido de manera significativa en Estados Unidos en la última década (los economistas pueden mostrarse en desacuerdo respecto a esa estadística puesto que hay distintas formas de medir y pesar los inputs y outputs económicos).

Si tiene razón, aumenta la posibilidad de que el pobre crecimiento del empleo sea resultado simplemente de una economía ralentizada. El frenazo súbito en la creación de empleo «es un gran puzzle», continúa diciendo Autor, «pero no existen demasiadas pruebas de que esté relacionado con los ordenadores».(6)

También se afirma que este desplazamiento de trabajadores por la tecnología es temporal y que a medida que las personas se capaciten en nuevos empleos el desplazamiento ira disminuyendo “aunque las tecnologías digitales actuales estén reteniendo la creación de empleo, la Historia sugiere que lo más probable es que este sea un shock doloroso, pero temporal; según los trabajadores vayan ajustando sus capacidades y los emprendedores creen oportunidades basadas en las nuevas tecnologías, la creación de empleo rebotará”.

Pero……. ¿Y si las velocidades de desarrollo son desiguales?… ¿Si el cambio tecnológico es más rápido? ¿Si el ritmo del crecimiento es tal que muchos de nosotros no podamos, por más esfuerzo que hagamos, alcanzar la velocidad, que pasará con nosotros?.

“Las tecnologías digitales cambian rápidamente, pero las organizaciones y las habilidades no marchan a ese mismo paso. Como resultado, millones de personas se están quedando atrás. Sus ingresos y puestos de trabajo están siendo destruidos, lo que les deja en peor situación en relación con el poder adquisitivo absoluto que antes de la revolución digital. Mientras que la base de nuestro sistema económico supone un fuerte vínculo entre la creación de valor y la creación de empleo, la Gran Recesión revela el debilitamiento o ruptura de ese enlace. Esto no solo una simple fase del ciclo económico, sino más bien un síntoma de un cambio estructural más profundo en la naturaleza de la producción. A la vez que la tecnología se acelere también lo harán los desajustes económicos, socavando nuestro contrato social y en última instancia, perjudicando tanto a ricos como a pobres, no solo a las primeras oleadas de desempleados.”(7)

Si el hombre es despojado de su trabajo, de su empleo y a su vez este desplazamiento no se recompensa con un crecimiento espiritual y un ocio sano, con relevancia de las artes y de la vida contemplativa, del hombre no quedara más que un cascarón vacío.

Y aquí cuando nos referimos a trabajo, no estamos pensando en un empleo, si no en una actividad que es parte de su crecimiento espiritual.

En “La condición del hombre” Mumford señala “la función del trabajo es proveer al hombre con un medio de vida: no con el propósito de aumentar su capacidad de consumir sino con el objeto de liberar su capacidad de crear. El significado social del trabajo deriva del acto de creación que este hace posible”(8)

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[1]  Bernal Maz, Patricia (2007). Antropología de la técnica. La trayectoria del dolor en el hombre contemporáneo. (Maestría en filosofía).Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de filosofía. Bogotá. Pag.21

[2] Mumford, Lewis (1970). The Myth of the machine. Volume 2. The pentagon of power. New York. A Harvest/HBJ Book. Pág. 189

[3] Kottak, Conrad Phillip (2011). Antropología cultural. Mexico. McGraw-Hill. 14ª ED. Pág. 189

[4] http://www.rebelion.org/hemeroteca/cultura/040119wm.html

[5]   http://www.rtve.es/noticias/20120202/indignacion-italia-palabras-monti-sobre-trabajo-fijo-aburrido/494837.shtml

[5] https://www.technologyreview.es/negocios/43368/de-como-la-tecnologia-esta-destruyendo-el-empleo/

[6] Brynjolfsson, Erik and McAfee, Andrew (2011). Race Against the machine. Massachusetts. Digital Frontier Press Lexington. Pag. 21

[7] Mumford, Lewis (1973). The condition of man. New York and London. A harvest/HBJ Book. Pág. 5

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