Inicio Actualidad Alvin Reyes: Antropología de la máquina (parte 3)

Alvin Reyes: Antropología de la máquina (parte 3)

-

Alvin Reyes: Antropología de la máquina (parte 3)

Por una parte, mientras que en la utilización de los primeros martillos se expresa (mediante el golpe directo mismo) toda la inmediatez del fin esperado, en su producción ulterior con el paso del tiempo, progresivamente más compleja y onerosa (por ejemplo en grandes industrias robotizadas dedicadas al tratamiento de maquinaria pesada), se observa un alejamiento cada vez mayor respecto de los propósitos iniciales del primitivo utensilio.

La complejidad posterior obedecerá a las condiciones requeridas para una mayor eficiencia o calidad de las acciones y los resultados. De otra parte, en el caso de la domesticación del fuego, los usos posteriores de la técnica han dejado atrás la inmediatez del primer efecto deseado dando lugar a la consolidación de prácticas culturales, como el desarrollo de la vida familiar, de más amplio alcance social. ([1])

El consumo de bienes, servicios, tecnología, etc., es la savia que mantiene a la máquina, al sistema, en funcionamiento. No es posible que la máquina haya alcanzado el éxito absoluto del que goza ahora sin que haya sido aupada por el consumo irracional de todo tipo de artículos. Al principio el hombre uso sus habilidades y destrezas para crear los inventos y medios adecuados para poner la naturaleza a su servicio y aumentar su capacidad de producir energía.

Pero luego con el avance de la ciencia y el método científico se empezaron a descubrir nuevos materiales y nuevas técnicas que liberaron fuerzas capaces de producir objetos antes ni imaginados. Esto provocó una espiral creativa que alimentaba a la máquina. “De este hábito surgió un nuevo fenómeno: la invención sistemática y premeditada. He aquí un nuevo material: problema: buscarle una nueva utilización. O bien he aquí un nuevo instrumento: problema: buscar la fórmula teórica que permita producirlo”([2]).

Las fuerzas que esta nueva capacidad productiva e inventiva del hombre desataron le dieron una expansión tal al comercio y al consumo que el sistema ya no puede vivir más sin este combustible que le alimenta constantemente.

De las invenciones industriales y militares se pasó a la producción de artículos de consumo masivo primero para el hogar: refrigeradores, estufas eléctricas, hornos, aspiradoras, etc. Y de desde aquí se el paso siguiente fue democratizar el lujo. La moda en el vestir, exclusivo de las cortes francesas en siglos pasados, podía ser alcanzada por cualquier persona de a pie siempre que estuviera dispuesta a pagar el precio por ella. En palabras de Gilles Lipovetsky:

“Es innegable que existe una tendencia a la democratización del lujo en los pequeños accesorios, los perfumes, las cosas de baño, todo eso está ampliamente democratizado, pero cuando uno habla de democratización del lujo es algo que uno tiene que repensar. Cuando uno es pobre o de clase media no considera el lujo como una opción. Soy de un medio muy modesto y cuando era joven no sabía nada del tema del lujo. Hoy, en cambio, no hay un joven que no conozca las marcas de lujo. Hay una democratización de los nombres y las marcas, ellos los conocen porque los ven en los medios, entonces existe el deseo de esa apropiación”([3]).

Pero esa democratización del lujo de la que habla Lipovetsky no es más que prometer al ciudadano de a pie el paraíso en la tierra. Para poder mantener las maquinas funcionando se necesita que el consumo continúe aumentando y que tienda al infinito lo que ha provocado el salto siguiente: el hiperconsumo. Vivimos rodeados de avisos publicitarios que anuncian los más variados productos, desde prometer erecciones sin límites hasta eliminar la calvicie.

Es aquí donde reside uno de los mayores logros de la máquina: La mayor parte de las cosas que nos anuncian no las necesitamos. Tanto así que “Un reciente informe del Parlamento Europeo concluye que la sociedad europea despilfarra 179 kilos de alimentos al año por habitante, 89 millones de toneladas de comida al año, la mayor parte en perfecto estado de consumo.”([4])

El hombre del siglo XXI ha llegado despojado de deseos vitales y de espiritualidad, se le ha adoctrinado para seguir un patrón de vida y de consumo cuyo fin es mantener la maquina en funcionamiento. La economía de la sociedad industrial moderna era una economía de producción y se encontraba dominada por el espíritu científico y técnico; la economía de la sociedad contemporánea está definida por la producción y el consumo de masas y está dominada por el mercado y el marketing.

La racionalidad solo puede ser instrumental porque está al servicio de una demanda que expresa la búsqueda de símbolos de un status social o el deseo de seducción y erotismo.([5])

[1] Rosales, Amán. Perspectivas de una antropología de la técnica. México. Instituto Tecnológico Autónomo de México, Departamento Académico de Estudios Generales. Sección textos, vol.18, no.64-65 (primavera-verano 2001). Pág. 36

[2]  Lewis Mumford (1971). Técnica y Civilización. España. Alianza editorial. Quinta reimpresión en “Alianza Universidad”: 1992 Pág. 238.

[3]  Lewis Mumford (1971). Técnica y Civilización. España. Alianza editorial. Quinta reimpresión en “Alianza Universidad”: 1992 Pág. 238.

[4] Ecologistas en acción. Contra el desperdicio masivo de alimentos. Recuperado de http://www.ecologistasenaccion.org/article22348.html

[5]  Bernal Maz, Patricia (2007). Antropología de la técnica. La trayectoria del dolor en el hombre contemporáneo. (Maestría en filosofía).Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de filosofía. Bogotá. Pag.21

Compartir:
Subscribir
Notifiquenme de
guest

0 Comments
Respuestas en linea.
Ver todos los comentarios.
Alvin Reyes
Licenciado en Química, actualmente Director Técnico de LAPROFAR SRL. He sido consultor en temas de calidad y producción de varias empresas de la industria química y cosmética.
Compartir:
×