Cuando la percepción gobierna la realidad.

El diálogo iniciado hace días por el presidente Abinader con los dirigentes de la oposición ha tenido algunas consecuencias indeseables. Ha envalentonado a la cúpula peledeísta que, de saberse arrinconada por la amenaza de enjuiciamiento y el desprecio de la opinión pública, ha pasado a “exigirle al gobierno el cese de las denuncias infundadas de corrupción” que, entre otras cosas, “comprometen la honra y el buen nombre de los ex funcionarios”. Estos tipos son, a no dudarlo tan atrevidos como desfachatados.

Pero no se crea nadie que andan descaminados como sería bueno creer. Algunos han dicho – y con mucha razón- que con esas personas no había nada que conciliar ni consensuar porque no son ni pueden ser parte de la solución de nada. Ellos son el problema.

La iniciativa del presidente Abinader cayó mal. Recibir a Danilo Medina y el entorno que acudió a la cita le pareció al país una movida de mal gusto, un gesto que ellos no se merecían, reconocerles un estatus que no tienen, darles una oportunidad de usar los medios en su provecho y avanzar una imagen pública de que son colegas, panas, políticos de bandos contrarios pero políticos.  Y no es así. Son delincuentes y deben ser tratados como tales.

Como resultado de ese encuentro se ha renovado el escepticismo, nuevos nubarrones de dudas, quejas y cantos plañideros poniendo en duda que se vaya a cumplir con la promesa de hacer justicia. Han abundado las referencias a la Procuradora y, así como muchos se entregan en sus brazos para esperar que se haga justicia como si ella sola pudiera revertir cinco siglos de impunidad, otros se decantan en la desesperanza. Por lo tanto es tiempo de aclarar algo.

Hacer justicia en este país no es un proyecto del PRM ni de Abinader ni de ningún otro partido. Ciertamente quisiéramos que lo fuera. Fue una de las razones que votamos por Abinader y no por Hipólito Mejía porque esperamos responsabilidad no chabacanería. Tampoco votamos a Luis para que gobierne Hipólito. Hacer justicia es un proyecto de la sociedad civil. Somos nosotros los que tenemos que militar, denunciar, documentar, difundir, organizar, presionar y de cualquier manera actuar para que las autoridades, obrando por la presión nuestra no puedan escapar ni rehuir la responsabilidad de perseguir la corrupción. No podemos dejar sola a doña Míriam, ni dejar que el gobierno la abandone.

Ahora que ya el PLD envalentonado, creído de que Luis no se atreverá a perseguirlos saca la cabeza es la ocasión para que el gobierno se dé cuenta de que con esa canalla no hay nada que hablar y que nosotros entendamos que si queremos justicia tendremos que seguir persiguiéndola. Nada de sentarnos a la sombra a esperar que nos hagan justicia.

Entiendo que el gobierno apenas tiene días. Entiendo que el presidente quiere dar otra imagen, que le importa mucho ser aceptado y querido, que quiere consensuar y mostrar otra cara. Todo eso lo entiendo y lo entienden la mayoría de las personas, pero hay que entender otra cosa también: El presidente puede querer cosas que no van a ser posibles. No importa que quiera ser simpático y disfrutar su presidencia. Los hechos le van a demostrar -y pronto- que no se gobierna como uno quiere sino como pautan las circunstancias y que por más deseos de ser simpático que tenga, deberá -cuando haga falta- ser odioso o será devorado. Se lo comerán vivo y cada error que cometa se lo cobrarán con intereses.

 

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