HACIA UNA NUEVA NORMALIDAD

Recuerdo  cuando esto empezó; despertaba  de noche con la ilusión de que todo fuera una pesadilla y que al abrir los ojos, me enteraría que había vuelto todo a la normalidad. A ese mundo que empezaba a caerse a pedazos, para muchos que como yo, nos creíamos  con respuestas y soluciones para todo. En las semanas siguientes se me hizo evidente cuántas de esas  respuestas eran erradas; que no teníamos a la mano soluciones para todo que no implicarán cambio y dolor.

Se necesita  una educación que empiece y termine en el hogar y que se deleite y oriente en la formación de valores para que nuestros hijos sepan que sus atributos más apreciados residen en quienes son como seres humanos. Un sistema escolar que premie el esfuerzo por encima de las competencias, si  algo nos ha dejado clara la crisis es que no hay competencia que valga cuando la actitud no es la correcta, pues no es lo que sabes, si no lo que eres capaz de hacer con eso que sabes. De nada sirve saber, si los valores con que te cablearon como persona no te impulsan a servir.

Es urgente  el involucramiento ciudadana en el manejo del estado y  en el quehacer político. La triste experiencia de lo vivido lo ha revelado claro. Se necesita una parte de la  ciudadanía que desde dentro pueda lograr los cambios y otra que desde fuera no permita la más mínima equivocación a los gobernantes.

Es inminente la creación de un sistema de servicio público obligatorio, no a las armas, sino al Estado. De tal manera que nuestros universitarios, antes de salir al mundo de la empresa privada, sirvan al país, desde cualquier área, por un tiempo mínimo estipulado  para erradicar el penoso clientelismo. De ahí incluso podremos desarrollar una cantera de nuevos servidores públicos que hagan carrera y que no respondan a un partido sino al estado dominicano.

A semanas de aquellos primeros días, mi pesadilla es que, después de habernos quedado todos en casa, cuando ya haya  medicinas o vacuna  en mano, creamos que estamos  despertando a la vida que tuvimos, y  osaramos olvidar lo inolvidable sin ser  capaces de generar los cambios que ameritan la nueva normalidad del mundo al que saldremos… Cuando todo pase.

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