Los humillados buscan líder amoral. por Xavier Mas de Xaxas

Millones de estadounidenses quieren que Donald Trump siga siendo su presidente y votarán por él el 3 de noviembre. Millones de británicos, al mismo tiempo, quieren que Boris Johnson sea su primer ministro y apoyan que rompa ahora el acuerdo para salir de la UE el 31 de diciembre.

Miles de bielorrusos, por su parte, se juegan la vida en las calles de Minsk en un esfuerzo desesperado por derribar la dictadura de Lukashenko, mientras miles de rusos han protestado este verano en Siberia oriental contra Putin. La democracia liberal y el Estado de derecho tienen en estos y otros lugares, como Hong Kong e Irán, un atractivo que los ciudadanos occidentales van perdiendo poco a poco.

Kenosha, antes de ser epicentro de la lucha racial, fue ejemplo en EE.UU. de la mejor industrialización

¿Cómo es posible que Trump y Johnson, dos dirigentes claramente anti democráticos y amorales, tengan más energía política en Estados Unidos y Gran Bretaña que ningún otro de sus rivales?

El éxito político en una democracia, qué duda cabe, es una lotería. Hay que tener la suerte de coincidir con un momento histórico propicio –como una crisis– y la habilidad de malear las ideas para que coincidan con la inquietud ciudadana. Esta inquietud siempre depende más de la dignidad que de la pobreza. El hambre no provoca tantas guerras ni moviliza a tantos votantes como la humillación. Clinton y Macron ganaron porque empatizaron con la mayoría, se pusieron en su lugar, sintieron su dolor y le prometieron lo imposible. Obama fue una historia similar. No llegó a perder el favor popular como lo perdió Clinton y lo ha perdido Macron, pero su presidencia no fue perfecta. En Kenosha lo saben muy bien.

Antes de convertirse en una falla racial más de las muchas que hoy rompen la primera democracia del mundo, Kenosha era una pequeña ciudad industrial de Wisconsin, a orillas del lago Michigan, una hora al norte de Chicago. Sus 100.000 habitantes trabajaban en fábricas como AMC que producían automóviles 100% made in USA . Estaban organizados en sindicatos y este asociacionismo contribuía a la solidaridad y la igualdad. La acción colectiva hizo prosperar a Kenosha. En los años sesenta tenía una de las rentas per cápita más altas de Estados Unidos, lo que equivalía a decir del mundo. Los salarios oscilaban entre los 18 y los 20 dólares la hora.

Este tejido industrial se deterioró en la década de los noventa, cuando las fronteras comerciales empezaron a caer en todo el mundo. Clinton firmó el acuerdo de libre comercio con México y Canadá (TLC) en 1993 y las fábricas de Kenosha encontraron formas más baratas de producir al sur del río Grande. Las que se mantuvieron abiertas bajaron salarios. Bajó, entonces, el nivel de vida y con él, también la esperanza de vida, especialmente entre los negros y los latinos. Amazon y otras grandes distribuidoras aprovecharon incentivos fiscales y terrenos a bajo coste para ocupar el vacío que había dejado la industria del automóvil. Hoy son los primeros empleadores. Pagan 13 dólares la hora.

Wisconsin es uno de los estados más socialdemócratas de la república. Ha votado demócrata en casi todas las elecciones de los últimos 44 años. Votó por Clinton y también por Obama. Obama ganó de calle porque prometió una ley que devolvería a los sindicatos la fuerza perdida. Pero no cumplió su palabra y hoy el único sindicato que sigue en pie es el de los maestros. Amazon no quiere empleados sindicados.

Trump ganó las elecciones del 2016 en Kenosha por 238 votos y se llevó Wisconsin con una ventaja de apenas 22.718. El día antes de la votación, las encuestas daban a Hillary Clinton una ventaja del 5%.

Ente los electores de Trump hay muchos supremacistas y ultranacionalistas pero ni de lejos son la mayoría de su base electoral. A Trump no lo votan solo los bárbaros y analfabetos, sino millones de personas que creen que algo urgente ha de hacerse para superar la decadencia. Trump tuvo la habilidad de escucharles (Hillary no puso un pie en Wisconsin) y les prometió trabajar por ellos. Todos necesitamos que se reconozcan nuestras ideas, todos buscamos el reconocimiento, y ningún político occidental ha encontrado a más olvidados que Trump y Johnson. Estos electores ya no creen en una idea sino que quieren un líder que les prometa la dignidad que, de una manera real o ficticia –las fake news y los tertulianos producen indignados sin parar–, sienten que han perdido.

El candidato Joe Biden tiene las de ganar. La pandemia puede hacerlo presidente. El momento histórico está de su parte, como lo estuvo con Boris Johnson. Pero cuesta ver en este demócrata veterano, rey de la moderación, la energía política necesaria para reconstruir Estados Unidos. Sin ella, la mayoría silenciosa que no vota seguirá en sus casas, como seguirá en la calle la minoría que ha dicho basta a los abusos policiales y la desigualdad social.

Toda estrategia política se centra en ganar y conservar el poder. El mañana no importa. Johnson no tenía un plan para el Reino Unido cuando ganó el Brexit. Trump ocupó el despacho Oval sin otra agenda que deshacer el legado Obama. Los líderes independentistas catalanes no tenían una estrategia para sacar la república adelante. Pero aún así todos ellos recibieron un amplio apoyo popular. Muchos ciudadanos les votaron por ingenuidad y sentimentalismo, pero muchos más lo hicieron porque se sentían humillados y alguien llamó a su puerta y, aunque no se creyeron del todo las promesas que les hicieron, pensaron que a los otros candidatos, a los contemporizadores, se les había acabado el crédito y las agallas para hacer lo que hay que hacer, que no es ir a la guerra y envolverse con la bandera, pero sí plantar cara a los que, de una forma real o ficticia, les habían robado la dignidad. En este terreno Trump es imbatible y por eso su derrota, aunque anticipada, no está cantada. En todo caso, aunque pierda, el trumpismo seguirá vivo.

1 COMENTARIO

  1. Excelente analisis, aunque todo ello es cierto, cada uno por separado piensa y siente que algun milagro puede ocurrir para que sea diferente. Los milagros desaparecieron hace tiempo, y la falta de unidad hacen las derrotas, hoy el mundo esta patas arriba, la gente ya no puensa en moral o ética, quiere ver que su vida sea diferente, pero no levantan un dedo para lograrlo, quieren que se la den. Esperemos que las cosas sea mejores.

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