Programados para divertirnos

Cuando empezó el tema este de la pandemia y los controles que se implementaron en occidente vi un video de unos policías en Miami tratando de sacar unos bañistas de la playa, me sorprendió ver la violencia con que la policía tuvo que sacarlos a macanazos y yo me preguntaba ¿y es locos que están, no saben que su vida está en riesgo?

Luego cuando se empezaron a tomar medidas en este país hemos visto carreras de motos, apresamientos de figuras públicas que desafían las autoridades, bares, colmadones, playas y ríos atiborrados de personas. Lógicamente me uní al coro que protestaba contra esas personas tildándolos de irresponsables, sinvergüenzas, locos viejos, etc.

Pero luego de años de estudio de la historia de la humanidad y de las lecturas sobre esta época de capitalismo salvaje y de nuestras lecturas de Mumford, Bauman, etc., he llegado a la conclusión de que quienes salen a beber romo y a festejar en las calles con sus bocinas
atronadoras tienen razón.

Se fundió Alvin estarán pensado en estos momentos. No.

En los años 60 el mundo estaba preñado de revoluciones, América Latina, el norte del Sahara, partes importantes de Asia, libraban guerrillas de junglas y urbanas contra las dictaduras capitalistas respaldadas por EEUU y Europa.

Entonces el sistema, la máquina, se propuso la más genial reforma contrainsurgente. Nos dieron la píldora, la marihuana, el radio de transistores, la cocaína, la minifalda, el amor libre, si esos hippies de leyenda fueron un experimento social, que aportaron, nada, fumar marihuana y hacer el amor como conejos.

La cosa cogió fuerza en los 80 y llegó MTV con sus videos y el cine dejo de ser arte para ser entretenimiento sobre los hombros de Star Wars. Y llegaron los Malls, la ropa de temporada, los viejevos, los celulares, los selfies. Ya nadie pensaba en revueltas sociales. Todos querían el último Iphone y la última Jeepeta.

En un mundo así programado para divertirse surge la primera pandemia en 100 años. Los estados ahora quieren que la gente deje de hacer todo aquello para lo que fueron programados: Discotecas, playas, romo, deporte, etc., pero estos autómatas programados no entienden otra cosa que no sea diversión y todo aquello que atente contra esa programación a la que han sido sometidos los tendrán de frente. Aun a costa de su propia vida. Que es un virus para una máquina de estas frente a la perspectiva de una bachata a todo volumen? O ante la perspectiva de un día en la playa? Ni la muerte es un freno tangible para este rebaño automatizado y desprovisto de racionalidad elemental.

Estoy tan convencido de esto que estoy seguro de que si la pandemia no hubiese llegado hace rato que alguien en el congreso hubiese propuesto cambiar las primeras letras de nuestro himno de “Quisqueyanos valientes alcemos” a “Dominicanos hoy se bebe”.

1 COMENTARIO

  1. El instinto hacia la liberta siempre busca la forma de imponerse

    La pandemia ha develado una gran verdad respecto a la inversión social en salud. En países desarrollados como Alemania en un determinado momento Merkel reconoció que aunque se había invertido lo justo dentro del estándar político-económico, la pandemia supuso un desafío que hizo reconocer que no había sido suficiente. En otro contexto en América Latina y el Caribe el primer informe externado por la CEPAL en los primeros meses de Covid-19 dió a conocer que nuestros países habían invertido muy por debajo de lo requerido en salud en relación a nuestro PIB.

    Los gobiernos adeudan con su gente una prioridad en salud no cubierta y responden con coacción, violencia, interfiriendo e impactando de manera caótica en la vida de la gente traspasando la puerta de los hogares y hasta la libre circulación con publicidad hostil y cuerpos armados con prerrogativas fuera de control sobre personas civiles.

    Autoridades locales se han extralimitado a ir más lejos, hace aproximadamente dos meses se reunió una comisión representada por el Ministerio de Salud e instituciones militares amenazando con «mano dura» en una retrógrada estrategia de enfrentar Covid-19. En la actualidad se ha pasado de la mano dura al puño contra un parche de población en específico. Jovenes ultimados, otros con multas y medidas de prisión exorbitantes como si fueran narcotraficantes, sicarios, contrabandistas de migrantes o políticos corruptos. Por obligación toca repensar al gobierno hasta cuando y hasta donde se llegará con todo este terror respaldado de manera paulatina y de manera agravante por instituciones del Estado.

    Aunque la psicologización sobre la pandemia por parte de las élites globales de poder, ha extrapolado el significado del contagio natural y biológico de la epidemia a un concepto de culpabilidad social y casi inherente a la condición de ser y estar, bajo un delito supuesto que altera una normalidad cuestionable y antagónica con el carácter gregario del Homos sapiens, el instintinto hacia la libertad siempre busca la manera de imponerse; si el gobierno no dispone de respuestas adecuadas, esperemos una reacción en cadena.

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